Creo que llegará un tiempo en mi vida en el que la vejez me
atrape y aun así no sabré como iniciar una carta.
No sé si serán las ganas de ti, las ganas de saberte o las
ganas de escribir, pero de nuevo, aquí estás tú, no en presencia, solo en
pensamientos.
A veces he llegado a pensarte de tal punto que he vivido más
historias contigo de las que viviré con la gente que conozco hace 20 años.
Tantas noches que te veo dormido junto a mí, mano a mano,
cuerpo a cuerpo, despertando sin decirnos nada sólo una sonrisa de “Buenos
días. Eres todo lo que buscaba” y cuando me doy cuenta que no es así me alegro,
no quisiera que tanta belleza y perfección se creará y muriera a la vez.
Me gustas más cuando te sueño, porque sé que nadie nos
separa; me gustas más cuando te pienso porque eres todo lo que he esperado; me
gusta más esa insulsa idea de esperarte sabiendo que no vendrás porque tengo
una razón por la cual reír, por la cual llorar, por la cual al cerrar los ojos
imaginar.
Al no estar junto a ti me doy cuenta lo mucho que quisiera
que así fuera y a la vez no, no quisiera perderte, pero quisiera tenerte. Junto
a mí, lejos de mí, no sé, sólo tenerte.
Te veo más como un
sueño, pues nunca creí que existiría un ser humano de tu talla, capaz de darle
color a la vida de un ser que pensaba que todo era mejor blanco y negro.
Hay tantas palabras que quisiera entregarte pero cada vez
que más cerca te siento te alejas.
Siempre escucho tu voz hablándome, susurrándome y yo no
puedo escuchar otra cosa que no seas tú, te imagino frente a mí, mientras el
mundo se pierde porque no puedo ver hacía otra parte, mientras mi mente solo
piensa “moría por abrazarte”.
Hay momentos que toda persona quisiera que fuesen eternos,
para mí tu eres ese momento.
Nunca pensé que diría esto, pero nunca pensé que existirías.