martes, 3 de septiembre de 2013

Y en silencio susurré.

Creo que llegará un tiempo en mi vida en el que la vejez me atrape y aun así no sabré como iniciar una carta.

No sé si serán las ganas de ti, las ganas de saberte o las ganas de escribir, pero de nuevo, aquí estás tú, no en presencia, solo en pensamientos.

 A veces he llegado a pensarte de tal punto que he vivido más historias contigo de las que viviré con la gente que conozco hace 20 años.

Tantas noches que te veo dormido junto a mí, mano a mano, cuerpo a cuerpo, despertando sin decirnos nada sólo una sonrisa de “Buenos días. Eres todo lo que buscaba” y cuando me doy cuenta que no es así me alegro, no quisiera que tanta belleza y perfección se creará y muriera a la vez.

Me gustas más cuando te sueño, porque sé que nadie nos separa; me gustas más cuando te pienso porque eres todo lo que he esperado; me gusta más esa insulsa idea de esperarte sabiendo que no vendrás porque tengo una razón por la cual reír, por la cual llorar, por la cual al cerrar los ojos imaginar.

Al no estar junto a ti me doy cuenta lo mucho que quisiera que así fuera y a la vez no, no quisiera perderte, pero quisiera tenerte. Junto a mí, lejos de mí, no sé, sólo tenerte.

Te  veo más como un sueño, pues nunca creí que existiría un ser humano de tu talla, capaz de darle color a la vida de un ser que pensaba que todo era mejor blanco y negro.

Hay tantas palabras que quisiera entregarte pero cada vez que más cerca te siento te alejas.
Siempre escucho tu voz hablándome, susurrándome y yo no puedo escuchar otra cosa que no seas tú, te imagino frente a mí, mientras el mundo se pierde porque no puedo ver hacía otra parte, mientras mi mente solo piensa “moría por abrazarte”.

Hay momentos que toda persona quisiera que fuesen eternos, para mí tu eres ese momento.


Nunca pensé que diría esto, pero nunca pensé que existirías.

jueves, 25 de julio de 2013

Un poco de nada.

Regresó a esta, mi libreta vieja con miles de apuntes y malas costumbres de escribir cartas sin terminarlas, aparentemente sin destinatarios, las cuales sin decir dicen mucho. Sin embargo, esto no se trata de otro desahogo mental como ya es lo normal en mí, se trata de recuerdos, dibujos y pensamientos de niño que ahora más “grande” siguen vivos.

Poco a poco crecí, pasó el tiempo y sigo queriendo encontrarle un sentido a eso que todos llaman “Amor” y la manera en la que a mi parecer las personas lo ven de una forma errónea.

Aprendí  que si no es con locura, no es amor. Nadie puede amar a medias, eso no existe. Si piensas que en el amor has dado demasiado o suficiente, entonces no has dado nada, entonces no has amado de verdad.

La barrera más grande en el amor, los sentimientos y el vivir llevan por nombre «el qué dirán», ese miedo de no ser aceptado ante los ojos de los demás y no, no se trata de eso.

Diosito, esta carta es para ti, porque aunque ante la mirada dela humanidad este mal, sé que tu miras, sonríes y piensas que todo estará bien, porque si algo es correcto para ti, es el hecho de poder amar de forma incondicional a una persona.

«En el mundo hay personas que creen tantas cosas, pero dejaron de creer en ellas mismas».

Prefiero ser castigado por mentir, robar, matar pero nunca por amar, y es lo que las personas no entienden y sé que tú sí. Ellos hacen tanto mal con palabras o con acciones y creen que luego de tanto sufrimiento todo está libre con lamentarse o arrepentirse y luego olvidarlo y seguir cometiendo los mismos errores, por alguna extraña razón ya se sienten salvos, y yo, en mi caso, no. Pero ¿Por qué debo de arrepentirme por amar? Sí cada día despierto siendo una mejor persona por el simple hecho de tener por quien sonreír.

No sé porque el mundo ve el amor como equivocado y tiene tantas formas equivocadas de verlo, prefieren el sufrimiento solo porque según su estricto criterio “así está escrito”, dicen y profesan tantas cosas y se les olvida la más importante que es el amor.

No estoy acostumbrado a escribir este tipo de cosas, pero a veces, sólo a veces se debe de hacer lo que el corazón manda.



viernes, 24 de mayo de 2013

Carta a un extraño.


Martes, 21 de mayo de 2013.

Y esta es mi carta para ti, que aunque no quiero que la leas, porque sé que no lo harás, espero la termines leyendo.

Siguen pasando las horas en las que se consumen los cigarros, en las que se enfría el café, en las que te desvaneces y vuelves a aparecer, no sé si es más grande tu presencia o tu ausencia, no sé quién eres, pero te pienso y pensarte implica noches sin dormir, días sin comer, minutos en los que solamente tengo tu imagen en mi mente que da vueltas en mi cabeza, tu olor que me penetra de tal manera que pierdo los sentidos y tu voz que eriza mi piel.

Sigo sin saber quién eres, sin embargo quiero seguirte escribiendo, quiero seguir diciendo lo que siento por ese extraño que ronda por mi cabeza, ese que tiene eso que ningún otro lo ha llegado a tener, pero ¿Quién eres? ¿A qué vienes a esta hora?

Te pienso y siento que es mejor no conocerte, no sentir tu piel junto a la mía, no saber ni tu nombre, pues así me pareces más interesante, tan descuidado de la vida con ese cabello que solo el viento puede asentar, tan serio con esa mirada fuerte que intimida a cualquiera, con unos labios del color sangre y con esa manera de caminar tan particular, tan única, tan tú.

El caminar junto a ti me hace bajar la mirada, pues no me quiero enamorar de ti, o no quiero hacerlo más, puesto que las personas más lindas, inalcanzables y que cautivan tu corazón son las que más duelen y es ahí cuando piensas que era mejor verte de lejos y sentirte cerca que tenerte cerca y que al final te vuelvas indiferente.

No sé cómo lo haces, pero gracias a ti mi corazón sabe lo que es enloquecer al palpitar y pues yo no soy un romántico de la vida que se pasea por las calles oliendo flores, enamorando con sonrisas y miradas, pensando que sí mi vida terminara en este instante todo sería perfecto pues soy feliz, soy totalmente lo contrario; un pesimista de primera con un carácter fuerte, un aburrido sin conocimiento alguno de su dirección y sin preocupaciones por el “¿Qué puede pasar?”

Y dejo claro que escribo no para que lo leas, no para que me pienses, no para que me extrañes, lo escribo porque sentía la necesidad de hacerlo, aunque muy dentro de mí sé que es todo lo contrario y lo escribo para que puedas notarme, para que sonrías y veas lo que me haces sentir, que no es poco, es demasiado.

Eres una de esas costumbres imposibles de dejar, uno de esos vicios que ni en rehabilitación se pueden quitar, pero así me gusta, me enamoré de este nosotros que así continuará hasta que mis ojos dejen de verte con la inocente mirada de un pequeño niño cuando da un abrazo, por lo que cada vez que te imagino solo deseo que nunca mates la ilusión.

Te seguiría escribiendo, pero eso implicaría al final tener que ponerle un punto y final a la historia y pues eso es lo que no quiero, así que sigamos como los dos desconocidos que somos para que termines siendo uno de esos cuentos que les contaré a mis nietos cuando me pregunten ¿Alguna vez te enamoraste?

Y es así como dejo esta carta sin terminar, sin sentido, sin rumbo, para que existan más letras que plasmar, más sentimientos que gritar y más escondites en los cuales pueda verte sin que sepas que sigo ahí.

miércoles, 9 de enero de 2013

Entre hojas incompletas.


Porque un día sin decir más nada despertó, era de madrugada, lo recuerdo perfectamente; el movimiento de su cuerpo, los ruidos que hacía pues sólo escuchaba su fuerte respirar, resoplaba tan fuerte que me erizaba la piel, sentía como trataba y a la vez no de moverme, despertarme, hacerme sentir su presencia, presencia que ya no quería estar ahí junto a mí.

 Se quería ir, lo supe sin tan siquiera abrir los ojos. 

Entre la indecisión si detenerlo o no, se fue, el tiempo se me fue pensando en que hacer y luego no supe más,   pues desde ahí fuimos sin ser todo lo que nadie pudo.

Sigo creyendo que te perdí, otras que me perdiste, más sin embargo creo que nos perdimos. Perdimos las ganas, perdimos la fe, perdimos la vida mientras soñábamos con lo que no podríamos tener dejando a un lado lo que sí tuvimos y nunca vimos.  Buscando culpables culpo a la humanidad por hacernos idealizar un modelo de amor el cual no existe, no existió, no existirá.