martes, 25 de diciembre de 2012

Cartas al aire.

Y es aquí donde comienza mi carta, sí, mi carta de adiós. No sé si en realidad es por ti, no sé si es por mí, no sé si es de nosotros, lo único que sé es que me voy.

Llegué a la conclusión que al final del día todos los cigarros que fumé esas noches pensando en ti no me daban respuesta alguna, solamente dibujaban tu rostro entre tantos círculos de humo que solo me hacían pensar ridículas historias sobre "ese que un día conocí y ahora desconozco".

Le digo adiós a las noches que pensaba en que todo esto era una pesadilla, una absurda pesadilla; me despido de todas esas mañanas en las que soñaba que volvías y no, esto no es culpa tuya sólo es culpa mía por el hecho de creer en el insulso "para siempre".

Pasaban los días, pasaban las horas, pasaban los minutos, pasaban los segundos en los que solo imaginaba como eras, cuando aún no sabía ni tu nombre, no sabía si eras real puesto que sonrisas así ya no existen en este mundo.

No sé si quiero despedirme por miedo a sentir tanto y no saber como tomarlo. Debo de confesar que nunca he sido muy bueno en situaciones nuevas.

Muchas veces no quise moverme de ese lugar en el cual nos vimos por última vez ya que siempre tuve esa esperanza oculta de que si quisieras regresar ya sabrías donde encontrarme, más sin embargo el verte marchar dejando en el suelo todo lo que una vez fui me hizo tomar esa decisión y caminar con los restos, esos pedazos de mí.

Este día decidí empacar mientras veo en la ventana pasar todas las palabras que una vez me dijiste, sólo caminaré dejando migajas de nuestros recuerdos por si cambias de opinión, dejaré los rastros de mí por sí algún día se te ocurre preguntar —¿Dónde está? —¿Cómo está? —¿Con quién estará?.

Sí algún día despiertas extrañándome, simplemente recuérdame como ese que guarda una foto tuya en su billetera con una nota que dice "¿Cómo puedo avanzar cuándo aún estoy enamorado de ti?".

Por lo pronto es hora de despedirme de cada una de las partículas de nosotros, pues al final de ésta carta no descubrí si hablaba de lo mucho que quiero estar contigo disfrazado de un "adiós" ocultando tanto entre líneas un "quiero que vuelvas" o simplemente te pensé más de lo normal y sólo quería saber cómo es tu vida ahora sin mí, creo que no lo sabré, pero así como tu y yo tuvimos un inicio y un final lo mismo pasa con esta carta. Siendo el desconocido más conocido que tengo en mi vida puedo decir que no dejé de pensar en nosotros. 

domingo, 7 de octubre de 2012

Cansado de tu anatomía

Porque ahora desperté y me propuse olvidarte, olvidar tu voz, tu mirada, tu cuerpo, tu sonrisa, ese rostro que me enamora, esas caricias que decían "no te quiero soltar nunca", esos abrazos y besos que solo tú sabes darme, pero más que nada me propongo olvidar tus letras.

¿De qué me sirve seguirte queriendo tanto? Cuando tú lo único que haces es querer pero a tantos, no tiene sentido, creo que ya se perdió con mis ganas de seguir siendo tan tuyo como siempre lo he sido.

Me desperté y lo primero que hice fue ver tu foto, sonreí mientras lloraba porque sabía que después de esta noche ya no serías mío. Ya no serías mío  porque yo así lo decidí.

Te escribo esto mi amor, no para hacer que tu mente cambie de opinión y hagas algo para tratar de detenerme, sino, para que al despertar no te preguntes "—¿Qué nos pasó?" porque ahora al dormir borraré todo rastro que aun quede de ti en mí, hasta que seas lo que un día fuiste. Un extraño porque mi cuerpo necesita abstinencia de ti.

Y no, no me culpes a mí por querer dejar de quererte, por querer olvidarte y continuar sin ti. Culpate a ti mismo, que luego de ser un espejo roto solamente dañaste a todos a tu paso, culpa a tu sonrisa que puede capturar cualquier mirada, culpa a tu corazón que jamás tuvo claro que quería mientras yo supe desde que te vi que no necesitaba nada cuando con tu presencia lo tenía todo.

Me despido amándote, deseándote, sabiendo que nada cambiará cuando tú despiertes porque es más fácil que tú me olvides y que yo vague con tu recuerdo. Más sin embargo esta noche he preferido despedirme de ti, darte mis últimas palabras y empezar a conocer como es la vida sin ti.

lunes, 28 de mayo de 2012

Desconocido que conocí


 ¡Hola desconocido que conocí!, son palabras que frecuentemente me digo, al momento que me veo en el espejo ¿Qué? ¿Acaso soy el único que habla solo al momento de verse reflejado? A veces pienso que soy ese que con su sonrisa hizo cambiar de mundo, y mi mundo se volvió él. Ese que con su mirada me dejó sin aliento y que con su cuerpo me hacía estremecer.
A veces creo que soy ese desconocido que conocí, o quizás nunca llegué a conocer, conocí lo que creí conocer mientras ya había conocido todo, pero el corazón solamente quiere ver lo que le conviene aunque la mente le grite la verdad.
No conozco más verdad que esa que la mirada refleja, la que aunque los labios estén sellados sin ánimos de decir absolutamente nada,  se dicen miles de cosas sin decir.
Y no, no es que esté sentado frente a la ventana mientras me fumo un cigarro y bebo una taza con café, o en realidad sí, pero no quiero que parezca tan obvio. Así que por eso lo niego y haces como que no lo sabes.
No, no es que piense que exista una posibilidad en el mundo de cambiar las cosas, no soy una buena persona. Las personas buenas tienen cosas buenas, yo simplemente tengo lo que merezco. Probablemente en mi otra vida fui un asesino serial o algo así, creo que esa sería la única manera para que todo esto tuviera sentido, aunque en realidad hace mucho tiempo pensé que la vida fuese algo con sentido.
Para ser más honesto, no sé lo que escribo, no sé donde estoy, no sé lo que hago menos qué pienso. Solo vivo de creencias, menos en la humanidad, ya le perdí toda la fe que le tenía a la humanidad. No es por ser pesimista, simplemente mi sentido de la realidad incrementó. El ser humano dejó de ser lo que una vez era y se convirtió en un producto de las masas, parece que corría de este destino, pero el destino tarde o temprano lo alcanzó.
¡Pero mira qué bella es la vida! Exclamó una anciana, al momento que veía unos niños jugar en un parque, pero ella más que nadie sabe que la vida cambia y que esa niñez y felicidad con la que esos niños cuentan no sería por mucho. Llegará un día en el que se despidan de su juventud y le dirán "¡Hola!" a la vejez, cuando deban tomar decisiones en sus vidas, aunque he llegado a la conclusión que yo he tomado más litros de alcohol que decisiones para ser feliz. La felicidad es solo una creencia humana, algo en lo que nos hacen enfocarnos para que de esa manera nuestra vida tenga sentido alguno; puesto sino tienes en qué creer ¿Qué putas haces más que subsistir? Ese invento humano llamado felicidad, tal invento como los cuentos que escuchábamos de pequeños donde los finales felices parecían lo mejor en el mundo, pero esos finales felices en la vida pocas veces se encuentran y cuando en verdad pasan son tan mágicos que no hay papel ni lápiz capaz de grabar tanta historia, tanta fantasía, son tan irreales que nada en el mundo los puede comprender, simplemente pasan.
Lo sé, soy un frágil y frustrado intento de escritor, con una pésima caligrafía que quiere aparentar que tiene algo interesante que escribir, algo interesante que contar, pero para ser honesto no es así. Escribo porque el cuerpo lo pide, prefiero decir con letras lo que siento que gritarle al mundo algo falso.
No tengo más sentido del sentir, y por eso no tengo más por dar, no espero nada del mundo, así como espero que el mundo no espere nada de mí. Simplemente espero esperar que la vida no me espere demasiado, puesto que la muerte ya muchas veces me ha venido a platicar de lo grandiosa que es la vida junto a ella. No le creo, no soy alguien fácil de persuadir, soy más bien un incrédulo que le gusta hacer creer a las personas que creo todo, cuando en cierta forma yo ya lo sé. Cuando eres un soñador, que no vive por estar soñando es más fácil dejar de creer en el mundo, ya que sabes que el mundo es una realidad y los sueños una ilusión. Es ahí donde me contradigo y me pregunto si soy un soñador realista o una realidad soñadora que no encuentra su espacio en el mundo, ni la libertad necesaria para poder proseguir.
En 19 años llegué a comprender que no se puede cambiar al mundo, el mundo no es más que lo que todos no quieren que sea, pero nadie hace el mayor esfuerzo para que no sean las cosas de esa manera, este mundo ya perdió el sentido de lo que en serio importa, no sé donde quedaron las cartas de amor, esas en las que no sabías de que lápices de color usar para decorar, esos papelitos que dabas en clases y los firmabas como "anónimo", esa pena inmensa que daba al mandar un mensaje a tu mejor amigo, contándole sobre el niño que te gusta y por tanto pensar en él te das cuenta que por accidente se lo enviaste y no quieres verlo el siguiente día porque te mueres de la pena, dulces, canciones de amor, rosas que con el tiempo se quedan secas. Nada de eso queda ya.
Esta no fue mi carta para el mundo, no creo que haya sido algo cerca de parecer una carta, simplemente no sé lo que hago y quería compartir esto, a quien le interese.

domingo, 11 de marzo de 2012

Cuatro paredes y un techo

Escondido en los rincones del deseo,
espera pacientemente su llamado,
sus sentimientos se van vaciando,
mientras que sus pupilas llenándose de lujuria.

Esconderse es su única opción,
aunque solamente busca ser querido,
en brazos que no son suyos
busca ese amor que nunca será correspondido.

El único tipo de amor que ha probado en su vida,
esta escondido bajo cuatro paredes y un techo,
todos los besos que prueba jamás serán suyos,
todas las caricias que recibe nunca serán propias.

"Motel", el nombre de su segundo hogar,
el otro, amante, y muchos más sobrenombres que recibe,
su vida pareciera fácil, tan fácil como su cuerpo,
ya que se dedica al placer por momentos efímeros.

Se le mira por la calle y se rumorean muchas cosas,
él sabe que mencionan su nombre y no le da importancia,
solo mira su reloj y joyas que tiene gracias a compartir su cuerpo,
cegado vive, por el egoísmo humano.

Cree que su felicidad y belleza serán eternas,
su vanidad rebasa los limites que se puedan tener,
ya no le importa con quien despierte en su cama,
ni a que precio pagué todo lo que ahora pueda ser suyo.

Pero un día todos sus placeres llegarán a su fin,
tratará de buscar amor verdadero y no llegará,
pues él ya había jugado demasiado con el amor,
y le llego el turno al amor de jugar con él.

martes, 24 de enero de 2012

Querido antiguo Ger.


Esta es mí carta, para lo que fuí.

Y es aquí donde vuelvo, regreso de nuevo queriendo unir las partes de mí, esas que ya no están, esas que jamás volverán, esas que quisieran regresar… De las cuales ya no hay marcha atrás.

Recorro lentamente las partes de mí, las cuales me ayudaron a sonreír, a llorar, a sentir, a amar, y más que nada, a vivir.

El tiempo pasa, las semanas terminan, los días se van, las noches transcurren silenciosas y a su vez gritándome a más no poder, cada segundo que vivo me pregunto ¿Dónde quedó ese niño de tantas ilusiones y esperanzas? ¿Por qué tuvo que morir y no acompañarme cuando más lo necesitaba? Luego, me di cuenta que siempre estuvo conmigo, estuvo y yo lo aparté de mi camino, y ahora me siento, eternamente buscándolo.

De nada sirve arrepentirse, cuando no hice ni sigo haciendo el mayor esfuerzo para haber cambiado las cosas, tratar de que fuese de otra manera, hasta ese momento en el cual te vi morir entre mis recuerdos y tratar de renacer supe que te necesitaba.

Me viste crecer, yo te vi alejarte cuando supiste que ya era tu tiempo de marcharte de aquí, cuando sentiste que no tenías más que hacer, creíste que sería lo mejor, que ya era tiempo para irte lejos… Fue la peor decisión que tomaste.

Yo sé que ya no te veré, solo en los recuerdos estarás, ¿Algún día podrías venir a mí, verme y sentirte orgulloso? Pensar que siempre me fui fiel a mí mismo, a lo que creía, que me mantuve firme ante lo que pensaba y sentía; de que muchas cosas me destruyeron pero que no lograron acabar conmigo, y más que nada, de que nunca dejé de creer en mí.

Son muchas cosas las que no me perdonarás, esas que hice, por las cuales pagaré.. Los rincones de la soledad a los cuales te has enfrentado son grandes. Siempre escuché el eco de tus gritos diciéndome que no te dejara, y yo los ignoré, y ahora pienso en esa voz que constantemente me llamaba, y la recuerdo como esa voz que jamás se escuchó.

Antes que te vayas, quiero que dejes en mí un poco de ti, no importa cuanto, pueden ser los pocos restos que ahora me encuentro recogiendo, con eso basta para un día mirar a lo alto y saber que estoy haciendo lo que ambos soñamos.



La vida tiene sus fases.


Llevate la parte que sobra en mí.



Cuando te marches creceré, recorriendo tantas partes que olvidé... Llego mi tiempo ya lo ves, tengo paz y es el momento de crecer.



... Fue un tiempo para no olvidar, la zona mala quiere ahora descansar..