lunes, 28 de mayo de 2012

Desconocido que conocí


 ¡Hola desconocido que conocí!, son palabras que frecuentemente me digo, al momento que me veo en el espejo ¿Qué? ¿Acaso soy el único que habla solo al momento de verse reflejado? A veces pienso que soy ese que con su sonrisa hizo cambiar de mundo, y mi mundo se volvió él. Ese que con su mirada me dejó sin aliento y que con su cuerpo me hacía estremecer.
A veces creo que soy ese desconocido que conocí, o quizás nunca llegué a conocer, conocí lo que creí conocer mientras ya había conocido todo, pero el corazón solamente quiere ver lo que le conviene aunque la mente le grite la verdad.
No conozco más verdad que esa que la mirada refleja, la que aunque los labios estén sellados sin ánimos de decir absolutamente nada,  se dicen miles de cosas sin decir.
Y no, no es que esté sentado frente a la ventana mientras me fumo un cigarro y bebo una taza con café, o en realidad sí, pero no quiero que parezca tan obvio. Así que por eso lo niego y haces como que no lo sabes.
No, no es que piense que exista una posibilidad en el mundo de cambiar las cosas, no soy una buena persona. Las personas buenas tienen cosas buenas, yo simplemente tengo lo que merezco. Probablemente en mi otra vida fui un asesino serial o algo así, creo que esa sería la única manera para que todo esto tuviera sentido, aunque en realidad hace mucho tiempo pensé que la vida fuese algo con sentido.
Para ser más honesto, no sé lo que escribo, no sé donde estoy, no sé lo que hago menos qué pienso. Solo vivo de creencias, menos en la humanidad, ya le perdí toda la fe que le tenía a la humanidad. No es por ser pesimista, simplemente mi sentido de la realidad incrementó. El ser humano dejó de ser lo que una vez era y se convirtió en un producto de las masas, parece que corría de este destino, pero el destino tarde o temprano lo alcanzó.
¡Pero mira qué bella es la vida! Exclamó una anciana, al momento que veía unos niños jugar en un parque, pero ella más que nadie sabe que la vida cambia y que esa niñez y felicidad con la que esos niños cuentan no sería por mucho. Llegará un día en el que se despidan de su juventud y le dirán "¡Hola!" a la vejez, cuando deban tomar decisiones en sus vidas, aunque he llegado a la conclusión que yo he tomado más litros de alcohol que decisiones para ser feliz. La felicidad es solo una creencia humana, algo en lo que nos hacen enfocarnos para que de esa manera nuestra vida tenga sentido alguno; puesto sino tienes en qué creer ¿Qué putas haces más que subsistir? Ese invento humano llamado felicidad, tal invento como los cuentos que escuchábamos de pequeños donde los finales felices parecían lo mejor en el mundo, pero esos finales felices en la vida pocas veces se encuentran y cuando en verdad pasan son tan mágicos que no hay papel ni lápiz capaz de grabar tanta historia, tanta fantasía, son tan irreales que nada en el mundo los puede comprender, simplemente pasan.
Lo sé, soy un frágil y frustrado intento de escritor, con una pésima caligrafía que quiere aparentar que tiene algo interesante que escribir, algo interesante que contar, pero para ser honesto no es así. Escribo porque el cuerpo lo pide, prefiero decir con letras lo que siento que gritarle al mundo algo falso.
No tengo más sentido del sentir, y por eso no tengo más por dar, no espero nada del mundo, así como espero que el mundo no espere nada de mí. Simplemente espero esperar que la vida no me espere demasiado, puesto que la muerte ya muchas veces me ha venido a platicar de lo grandiosa que es la vida junto a ella. No le creo, no soy alguien fácil de persuadir, soy más bien un incrédulo que le gusta hacer creer a las personas que creo todo, cuando en cierta forma yo ya lo sé. Cuando eres un soñador, que no vive por estar soñando es más fácil dejar de creer en el mundo, ya que sabes que el mundo es una realidad y los sueños una ilusión. Es ahí donde me contradigo y me pregunto si soy un soñador realista o una realidad soñadora que no encuentra su espacio en el mundo, ni la libertad necesaria para poder proseguir.
En 19 años llegué a comprender que no se puede cambiar al mundo, el mundo no es más que lo que todos no quieren que sea, pero nadie hace el mayor esfuerzo para que no sean las cosas de esa manera, este mundo ya perdió el sentido de lo que en serio importa, no sé donde quedaron las cartas de amor, esas en las que no sabías de que lápices de color usar para decorar, esos papelitos que dabas en clases y los firmabas como "anónimo", esa pena inmensa que daba al mandar un mensaje a tu mejor amigo, contándole sobre el niño que te gusta y por tanto pensar en él te das cuenta que por accidente se lo enviaste y no quieres verlo el siguiente día porque te mueres de la pena, dulces, canciones de amor, rosas que con el tiempo se quedan secas. Nada de eso queda ya.
Esta no fue mi carta para el mundo, no creo que haya sido algo cerca de parecer una carta, simplemente no sé lo que hago y quería compartir esto, a quien le interese.

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